Salidas profesionales

Hoy os traemos una nueva entrega de nuestra sección de entrevistas. En esta ocasión hablaremos un poco más del curioso mundo de la Academia y de la investigación científica con un criminólogo, doctorando y etnógrafo: Antonio Silva Esquinas. ¡No os la perdáis!

 

Antonio Silva Esquinas

Etnógrafo doctorando en la UNED

 

Bienvenido a CriminologyFair Antonio, gracias por acceder a esta entrevista. En primer lugar, si puedes presentarte…

Soy Antonio Silva Esquinas, tengo 31 años y vivo en Sevilla. Estudié el grado en Criminología con mención en asesoramiento e intervención en la UOC; donde obtuve premio extraordinario al mejor expediente académico.

Posteriormente, cursé el máster en Investigación Antropológica y sus Aplicaciones, en el itinerario de investigación etnográfica de procesos culturales en sociedades contemporáneas, en la UNED.

Actualmente, me hallo vinculado en el programa de doctorado en diversidad, subjetividad y socialización. Estudios en Antropología Social, Historia de la Psicología y de la Educación de la UNED. Donde el catedrático D. Ángel Díaz de Rada me dirige la tesis doctoral. Esta última, versa sobre asuntos relacionados con la etnografía digital, los aspectos éticos en el trabajo de campo o la perspectiva de género con un telón criminológico de fondo.

Una trayectoria muy curiosa. Concretamente, ¿qué funciones dirías que realizas?

Aparte del desarrollo de la tesis, formo parte del Grupo de Conocimiento-Investigación en problemáticas sociales de la UEM. Actualmente, mi función es la de etnógrafo principal en el proyecto de investigación denominado “Enrolla2 Generación X. Percepciones de Seguridad y Actitudes de Riesgo en individuos pertenecientes a la Generación X vinculadas al uso de aplicaciones informáticas afectivo-sexuales”.

Realmente es complejo poder llegar a describir las actividades que realizo a diario en mi puesto de trabajo, debido a la diversidad de estas. En cualquier caso, son todas aquellas que podemos atribuir a una etnografía digital en el marco de seis aplicaciones. Por tanto, interactuar y entrevistar a usuarios, observar la interacción de los algoritmos, detectar patrones de comportamiento, hallar brechas de seguridad y de género, verificar y validar el material empírico que se va obteniendo, obtener perspectivas intersubjetivas, dar cuenta de las estafas o timos, desarrollar propuestas de protocolos preventivos a nivel criminológico, social, legal, etc.

Lógicamente, esto se alterna con las labores comunes de cualquier equipo de investigación como es el desarrollo de artículos, libros, conferencias, etc.

No obstante, debo reseñar que no es un trabajo a jornada completa. Por lo tanto, me veo en la tesitura de alternar este proyecto con otros ámbitos laborales; que a veces son internos y a veces externos a la Criminología.

Es cierto, son funciones muy diversas. Seguro que hay algún lector/a que se está preguntando cómo llegaste al punto en el que te encuentras ahora y que camino podrían tomar ellos para conseguirlo.

Mi acceso al grupo de investigación para este trabajo está relacionado a que ya participé en una primera fase que se focalizó en el estudio de la cohorte millennial. Gracias al trabajo que realicé,la doctora Rebeca Cordero(IP del equipo) y el doctor Jorge Ramiro Pérez(IP del proyecto) quisieron contar conmigo de nuevo para esta ocasión. A los cuales saludo y agradezco desde aquí por su confianza y camaradería; son unos excelentes profesionales y mejores personas.

No hay un camino para trabajar en este ámbito, como no lo hay para nada en general en esta esquizofrénica hipermodernidad. La perspectiva del camino meritocrático que nos imponen desde la Academia no es más que un sueño roto. Puedes estudiar muchísimo y ser el mejor en tu campo que mañana te puedes ver poniendo copas en un bar o recogiendo aceitunas en el campo, mientras que otra persona menos cualificada ocupa tu lugar en base al nepotismo ilustrado. Luego sería falaz y cruel que vendiera el camino idílico para llegar a este o cualquier otro ámbito.

Sin embargo, algo que la vida me ha ido enseñando poco a poco es que lo importante es no rendirse. Esto no significa marcarse una meta a largo plazo y que sea rígida, no equivale a apostar todo a un esquema hierático e inamovible. Lo que quiero transmitir es que es importante tener objetivos a largo plazo, pero sabiendo ver y gestionar los cortos plazos que nos dirigen hacia el mismo de forma versátil. No importa si hoy no salió, mañana me volveré a levantar y lo volveré a intentar. Esa tenacidad y versatilidad creo que son claves para este o cualquier otro camino vital.

 

Antonio Silva Esquinas 
Investigador académico, criminólogo y etnógrafo

Ya lo has avanzado un poco, pero ¿Qué cualidades debería tener un criminólogo para poder dedicarse a la investigación académica? ¿Consideras que para dedicarse a la investigación se debe tener una formación transversal en otras ciencias sociales además de la criminología?

Una cualidad clave es que debe tener aquello que en Antropología llaman “capacidad de extrañamiento”. En otras palabras, tener curiosidad, no ser egocéntricos narcisistas que solo buscan en la investigación fortalecer las ideas que ya tenían antes de comenzar u obtener estatus académico. Un criminólogo dedicado a la investigación siempre debe ir con su cuaderno en blanco. Debe estar dispuesto a desaprender si es necesario y a ser [auto]crítico con el trabajo que tanto la Academia como él mismo han desarrollado hasta el momento.

Las personas o fenómenos que estudiamos requieren que los escuchemos y entendamos, que nos impregnemos de su realidad, que compartamos desde la humildad nuestras inquietudes con ellos y seamos capaces de transformarnos en agentes de cambio. Somos científicos sociales, nuestra labor pasa por trabajar para la comunidad y ello no solo conlleva el trabajo desde el escritorio. También debemos saber mancharnos las manos, llenarnos las botas de barro en las calles lejanas a las torres de marfil académicas.

Cuando hablamos de hacer ciencia, investigación, etc. no estamos haciendo alusión a realizar un ejercicio que nos lleve a obtener “la verdad original”. Se trata de realizar una labor de generación de incertidumbre, de proponer verdades intersubjetivas y en tensión que hoy serán válidas y mañana no. Por lo tanto, toda polarización o enfatización de un método, escuela, ideología, etc. no harán más que convertir a la ciencia y la investigación en una labor de sacerdocio.

¿Qué quiero decir con lo anterior? Pues que el embate de la transversalidad es algo obsoleto. Toda ciencia, por muy pura que sea, necesita de los matices de otras para completarse y crecer. Toda ciencia actualmente necesita ser mestiza, ¿qué haríamos los criminólogos hoy sin podernos poner nuestras gafas moradas al investigar un fenómeno desviado o delictivo? ¿Cómo podríamos realizar nuestros análisis cuantitativos sin la estadística o nuestras estancias de campo sin la Escuela de Chicago y sus antropólogos y sociólogos?

Hemos hablado de tu trayectoria como investigador pero poca mención hemos hecho a tu especialización en antropología. ¿Qué te llevo a escoger esa disciplina? ¿Crees que los criminólogos tienen un buen perfil complementario para la antropología social?

En mi caso específico, fueron un cúmulo de situaciones convulsas lo que me llevaron a los estudios que hoy tengo. Durante la realización del grado en Criminología ya había cursado algunas investigaciones autofinanciadas y otras como asistente de investigación. Es aquí donde di mis primeros pasos en la etnografía y en una escuela criminológica denominada Ultra-Realismo.

Al terminar el grado, quería especializarme en metodología mixta. Sin embargo, no había ningún máster criminológico en España que se centrara en ello. Mi imposibilidad, por motivos familiares, de salir de España para cursar estudios de este tipo me hizo bucear en la multidisciplinariedad. No obstante, lo poco que había tampoco me terminó de convencer por un motivo u otro. Por lo tanto, con estas limitaciones en mente me dije a mí mismo, ¿por qué no te especializas entonces en aquello que te está apasionando en los últimos años? Y la etnografía apareció como caballo de batalla en mis búsquedas.

No había tampoco ningún máster criminológico que estuviera especializado en metodología cualitativa, mucho menos en etnografía. Por lo tanto, recordando la Escuela de Chicago me dije… ¿por qué no acudes a los maestros de la técnica? Efectivamente, los antropólogos.

Así fue como comenzó mi aventura de especialización metodológica. Gracias al profesor Diaz de Rada utilicé la mirada antropológica para estudiar la Criminología, realizando una tesis de máster centrada en la investigación encubierta criminológica y, posteriormente, profundizando más aún en ello durante la tesis doctoral.

En referencia a la segunda cuestión, no me gusta como se ha planteado. No considero que la Criminología sea complementaria para otra ciencia, así como tampoco otra lo sea para la Criminología. Creo en la simetría y la hibridación, en que cada área de conocimiento tiene herramientas muy útiles combinadas con las de otras. Todo ello es lo que ayuda a obtener una visión mucho más matizada de cualquier fenómeno de estudio. Ahora bien, si la pregunta fuera si creo que la Criminología tiene aportes interesantes para la Antropología y viceversa mi respuesta es rotunda: sí.

¿Cuáles son tus principales líneas de investigación y porqué te decantaste por ellas?

Me gustaría hacer un pequeño alegato antes de entrar en materia. Venimos de una cultura académica rígida, que nos obliga a especializarnos en unas áreas específicas y a ser hiperproductivos en ellas. No tengo nada en contra de quien decida seguir esa tesis de aires modernos, pero creo que es algo obsoleto y que ataca directamente a la “capacidad de extrañamiento” que cité anteriormente.

Cuando uno estudia mucho y durante muchos años un mismo fenómeno corre un riesgo importante de creerse un sabio en la materia. Por tanto, se cree por encima de las personas, del material empírico y de las posibles relaciones de intersubjetividad que surjan de todo ello. Es por ello que hago una oda a la versatilidad, al conocer nuevos campos, desde distintas perspectivas, colores y olores. Esa nueva gama de matices nos hará mucho mejores investigadores y tener los pies en el suelo.

Una vez teniendo en cuenta lo anterior, mi línea de investigación principal es la epistemología y metodología etnográfica en el ámbito criminológico. Lo cual se relaciona de manera directa con la segunda: marginalidad, desviación y género. No es difícil ver lo amplias que son estas líneas y, por tanto, que con ellas practico con el ejemplo de lo que comentaba al inicio.

La epistemología nos ayuda a entender la construcción del conocimiento desde una postura analítica y empírica, la metodología nos inspira a desarrollar nuevos acercamientos que nos permitan estudiar los fenómenos de forma más compleja. La marginalidad, desviación y el género presentan mil vínculos entre sí y, también, para con la forma de construir el conocimiento y poner en marcha metodologías.

Todo está conectado y, lógicamente, un motor importante para decantarme por todo ello es mi relación con el Ultra-Realismo y la influencia que Ariadna Margalef ha supuesto en mí para con lo que al género se refiere.

Todos sabemos que llegar a un punto concreto no es sencillo. En tu caso, ¿Buscaste otras opciones de trabajo como criminólogo antes de decantarte por la vía de investigación especializada en la etnografía? ¿Cuáles fueron?

Busqué, busco y buscaré. No quiero llevar a error a nadie, no se trata de que no me guste la investigación etnográfica. Más bien se trata de que la precariedad de inversión en investigación social en España es tan flagrante que es prácticamente imposible vivir de ello.

Me encantaría poder vivir de la investigación social en puridad, pero debo ser realista. Esto no quiere decir que no me seduzca la docencia, ni mucho menos. De hecho, creo que es muy positivo tener un buen bagaje investigador para enriquecer la labor docente. El problema es que el mismo impasse de inversión encontramos en la investigación que en la contratación de personal docente.

¿Qué vías aparte de la investigación y la docencia exploré en materia criminológica? Pues desde editor de una revista criminológica llamada Criminología y Justicia hasta traductor o transcriptor. Como he dicho, esto es una carrera de fondo y el ego no debe ser un obstáculo más; de absolutamente todas estas labores aprendí algo que me fue de utilidad a posteriori.

Centrándonos en la etnografía como método, ¿En tu camino como investigador has desarrollado otras metodologías además de la etnografía? ¿Qué características tiene la etnografía y que ventajas o desventajas presenta ante otras metodologías de investigación social a la práctica?

Si con desarrollar nos referimos a crear acercamientos metodológicos puedo decir, humildemente, que junto a otros compañeros (Jorge Ramiro Pérez, Daniel Briggs, Javier Muñoz, Ariadna Margalef) hemos generado unas interacciones muy innovadoras en materia de etnografía digital, líquida, visual y de género, etc. Así como, actualmente, me encuentro en fase de validación con el protocolo MARVEL; que espero nos sea de utilidad a todos los investigadores con las cuestiones éticas. No obstante, creo entender que se hace referencia a si he utilizado otro tipo de métodos aparte del etnográfico.

Como dije anteriormente, mi primera idea era especializarme en los métodos mixtos. Sinceramente, creo que la unión de las fortalezas de lo cuantitativo y lo cualitativo hace que una investigación sea mucho más próspera y así lo he intentado plasmar en la mayoría de mis investigaciones o publicaciones. En definitiva, sí también he utilizado otras técnicas cuantitativas y cualitativas que van desde las encuestas hasta el método Delphi pasando por focus group, etc. No obstante, debo reseñar que todo ello también cabe dentro de una etnografía.

Para mí la ventaja estrella de la etnografía es que te permite acercarte a la intimidad de un fenómeno, entenderlo en base a las voces de sus participantes, y te da la responsabilidad de saber traducir sus palabras al conjunto de la comunidad (académica, social, política, etc.). Esto, que a priori puede parecer muy básico, es capaz de hacer temblar toda la perspectiva de estudio de un tema determinado.

Con la etnografía no se trata de generar una epidemiología que posteriormente pueda dejar una infinidad absoluta de matices sin explicación, sino de ir hasta el origen del fenómeno y tratar de entender todas las perspectivas que pudieron producirlo.

La mayor desventaja es que un estudio etnográfico puede ser muy dilatado en el tiempo, costoso económica y personalmente. Estos factores influyen en que debido al capitalismo académico los comités de ética y agentes financiadores sean demasiado proclives a desestimar las propuestas que conlleven el uso de etnografía. Se demandan datos calientes, sabrosos, económicos y producidos en poco tiempo; algo que llama al uso de otras metodologías o al mal uso de la etnografía.

A raíz de tu experiencia, ¿Cuál crees que es la clave a la hora de encontrar empleo como criminólogo? Sobre todo en el ámbito de la investigación claro.

¿Actualmente? Pues para ello deberíamos crear un algoritmo predictivo basado en…, no. Realmente, con sinceridad, una mezcla de fortuna, ingeniería social, posicionamiento digital, formación y experiencia; así, en ese orden. ¿Cómo se obtiene todo esto? Nadie lo sabe a ciencia cierta, de ahí que haya tan poco empleo.

Tenemos hándicaps importantes por delante. En primer lugar, necesitamos que se nos reconozca de una vez como área de conocimiento. Esto permitirá que se pueda ir ofertando empleo público. En segundo lugar, es imperiosa la necesidad de visibilización de las funcionalidades de los criminólogos tanto para la comunidad como para la empresa privada y pública. Actualmente somos un problema, son muchas las promociones que están saliendo y que no están teniendo ocupación laboral, nos persigue el estigma de CSI y está habiendo una pérdida de talento increíble.

¿Qué solución transitoria hay? Pues intentar optar a puestos de empleo que, aunque no luzcan con la etiqueta de “criminología” en sus requisitos, sí lo haga de forma indirecta en sus funciones. Puede resultar agotador intentar demostrar a un empleador tus capacidades, pero a veces funciona; si todos luchamos en ese sentido cada vez serán más los que lo vean.

Nuestra labor, como muchos sabéis es la divulgación y la creación de una gran comunidad que nos fortalezca a todos. En tu caso, ¿Qué opinas respecto a las asociaciones y colegios profesionales en criminología? ¿Formas parte de alguna/o? Si es así, ¿Cuál es tu experiencia?

Reconozco que soy un poco outsider y bastante crítico con este tema, pero generalmente no me dan pie a poder cambiar esta postura. Ha habido un abuso por parte de muchas asociaciones de Criminología que solo se han focalizado a vender recursos formativos de poca calidad u organizar congresos de manera masiva para elevar egos y currículums.

No quiero decir que todas sean así, ni mucho menos. De hecho, yo mismo he pertenecido a SIEC y ahora pertenezco a SEIC. Lo que quiero decir es que esos aspectos me terminaron alejando del mundo de las asociaciones.

En cuanto a los colegios, tenemos algunos que son productivos, otros que están dedicados a lo que he dicho anteriormente de las asociaciones y alguno que se encuentra en una especie de criogénesis. La labor de los colegios de Criminología es más que necesaria en estos momentos para ejercer presión en la maquinaria del Estado, dar a conocer nuestra labor, ayudar a los colegiados a conseguir empleo, así como a generarlo, etc. Sin embargo, estas labores bajo mi humilde opinión no se están llevando a cabo en todos los colegios; ni con la misma intensidad.

No pertenezco a ningún colegio porque resido en Andalucía, donde por más intentos que se han realizado aún no termina de erigirse uno. Cuando lo haya, si sigo residiendo en Andalucía y veo que el camino que siguen es similar al de Cataluña, probablemente me colegie.

Y para finalizar, ¿Qué consejos puedes dar a un criminólogo/a que nos esté leyendo?

Que no se posicione de manera rígida en nada, ni metodológicamente, ni en cuanto a corriente o escuela de pensamiento, metas profesionales específicas o planteamientos ideológicos. Un criminólogo no puede permitirse encerrarse en algo y alejarse de la realidad social. Debe asumir que todo cambia y que lo que hoy es válido ayer no lo fue y mañana no lo será. Aceptar con humildad que nunca lo ha sabido todo y nunca lo sabrá, sencillamente porque no hay verdades absolutas con las que poder explicar la realidad social. Por último, que sea consciente de las capacidades que tiene para mejorar la comunidad y las ponga en marcha. Tal vez hoy no pueda ser emprendiendo una investigación o desarrollando una clase en la Universidad, pero quizás pueda serlo asesorando a una ONG o trabajando en un servicio de asistencia a la víctima.

¡Muchas gracias por tu entrevista Antonio!

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