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Seguro que la gran mayoría de vosotros os habéis encontrado en momentos de vuestra vida en una situación de inestabilidad por ‘¿qué va a pasar en el futuro?’ o ‘¿por qué no puedo alcanzar este objetivo?’, generando una tensión, una sensación de no control de los acontecimientos venideros.

Esta situación que parece tan cotidiana fue empezada a estudiar por Durkheim (1858-1917), fundador de la sociología. Gracias a su obra El suicidio (1897) se puso la primera piedra con su concepto de anomia, que más tarde suposo la evolución del mismo concepto y la creación de lo que llamamos en criminología: las teorías de la tensión social y/o de la frustración.

La teoría de la anomia

Durkheim parte de la tesis que consiste en que la sociedad y sus fuerzas influyen en el comportamiento humano individual. Para comprobar esto, escogió el fenómeno del suicidio ya que le parecía lo más individual y personal que una persona puede realizar, tan radical que le permitiría comprobar su tesis.
Con éxito, el célebre sociólogo encontró que las fuerzas sociales influyen en la tasa de suicidios. No obstante, no solo los fenómenos negativos como una crisis económica generaban un aumento de los mismos: un aumento inesperado del bienestar tenía el mismo efecto. Esto le llevó al concepto de la anomia:
 
»Solamente cuando la sociedad esta perturbada, ya sea por crisis dolorosas o felices, por transformaciones demasiado súbitas, es transitoriamente capaz de ejercer esta acción; y he aquí de dónde vienen estas bruscas ascensiones de la curva de los suicidios» (1897, pág. 269).
Opinión que tendría Durkheim de la exitosa serie
de Netflix, ‘Por 13 razones’.

Anomía significa ausencia de normas: situaciones de cambios bruscos, rápidos y radicales que generan inseguridad y desconfianza en las normas que nos rigen, no pudiendo pensar en expectativas, en visiones, en que conducta realizar, pudiendo llegar hasta la decisión de suicidarse.

Pero lo que a nosotros nos interesa es la conducta delictiva y este autor, como estructural-funcionalista, creía que el delito no tenía origen en una patología individual ni social: era consecuencia del normal funcionamiento del orden social, de inevitable desarrollo en nuestra vida diaria y que se produce en cualquier estrato de la pirámide social, en cualquier sociedad, derivado de sus estructuras.

 

Robert K. Merton

Merton, otro de los sociólogos más importantes y representante del estructural-funcionalismo, en su obra Social Theory and Social Structure (1949, revisada en 1968), afirmaba como Durkheim que el delito era una consecuencia »normal» de la estructura social, pero también que las conductas desviadas no estaban debidamente explicadas. La anomia no viene producida por una inadaptación individual y Merton puso de manifiesto las contradicciones de la estructura social americana ampliando este concepto.
La anomia de Durkheim ampliada, significaba para Merton, la tensión producida por los objetivos culturalmente deseados (inducidas por la sociedad) y los medios que las instituciones de la misma habilitan para conseguirlos. No es solo una situación de crisis de valores o de cambios radicales: es la expresión del vacío que se produce cuando los medios que nos proporciona la sociedad para lograr un objetivo no están a nuestro alcance: no existe una verdadera igualdad de oportunidades (crítica al supuesto sueño americano).
Por tanto, si encontramos nuestras oportunidades para lograr el éxito, conseguir aquello socialmente aceptado como objetivo (estructura cultural), totalmente bloqueadas por la falta de caminos lícitos para conseguirlo (estructura social)… el camino ilícito se abre como una posibilidad. Para Merton, no obstante, hay 5 reacciones diferentes ante esta situación:

 

  1. Conformidad: la que daría continuidad a a la sociedad aceptando los medios y los fines socialmente aceptados.
  2. Ritualismo: la persona comparte los medios, pero no los objetivos de éxito económico y ascenso social, así que se satisface con otras metas.
  3. Rebelión: este sujeto entiende que hay otros fines posibles, no individualistas como los que propone el capitalismo. Conductas revolucionarias.
  4. Apatía: rechazo tanto a metas como a los medios para conseguirlas, cayendo en el derrotismo y la quietud.
  5. Innovación: la que nos interesa, como fuente de conductas desviadas, donde la persona quiere conseguir las metas insertadas por la estructura cultural pero utiliza medios alternativos, ilícitos, para conseguirlo. 
Bloqueo de métodos socialmente aceptados
provocando incapacidad para alcanzar metas deseadas.
¿Qué camino seguir?
Los factores que tienen que ver con esto los iremos viendo en futuros posts.

Ante esta situación, para disminuir las conductas delictivas, se podría aspirar a dos formas de entender la política criminal: rebajar las aspiraciones de los ciudadanos, desde la estructura cultural, aprendiendo a vivir con metas más asequibles o, mejorar las oportunidades de las personas para alcanzar las metas marcadas, aumentándolas. Hablaremos de qué es y en función de que se conforma una política criminal en futuros post.

Hasta aquí las teorías de la anomia y la tensión social. Próximamente hablaremos de las configuraciones más modernas, como la teoría general de la frustración, de Robert Agnew.

 

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Bibliografía

Durkheim, E (1897/1928). El suicidio. Estudio de la Sociología (trad. M. Ruiz-Funes). Madrid: Reus.
Merton, R. K. (1968). Social theory and social structure (edición ampliada). Nueva York: The Free Press.
 
 
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